lunes, 25 de febrero de 2019

Conversaciones invisibles
















Estoy en la eternidad,
respiro sobre el pecho de un Gigante que se volvió roca de tanto soñarnos
y busco en esta sabiduría,
dejar ir con el río
–una vez más-  
esa herida por la que me convierto en mi propia víctima.
Los cóndores llegan a danzar sobre mi cabeza,
Soy consciente de la oportunidad
pero no tengo nada que pedir.
estoy en el umbral de mi tiempo,
hice el proceso contrario de cualquier humano:
perdí.
En la mitad de mi vida,
no me queda nada
y no soy triste por eso
Me fui despojando
a fuerza de entrega
y arrebato. 
Lo que deseaba en ese entonces,
se vuelve difuso hoy que comprendo que el anhelo de lo extraordinario,
es común a todes
y miramos lejos
lo que está cerca;
amor correspondido,
creatividad,  
aventura,
territorio,
trinchera izquierda de mi país de pájaros.
Estoy,
permanezco.
Disfruto lo que llega.
Amo sin expectativas,
hago mi mejor intento,
comparto
si me piden.  
El río no se apura con el deseo
ni se puede cambiar la dirección de la tormenta cuando viene hacia una.  
La magia existe
y la suerte
también.
No siempre se trata de mérito,
menos en el amor.
Entiendo:
                      estas son las reglas del juego.
No tengo nada que pedir o preguntar ante las puertas del misterio,
La luz vertical del mediodía atraviesa mi corazón y lo fortalece,
solo puedo agradecer
decir “acá estoy; no me suelto”
Que mis pasos no aplasten los brotes que crecen en el campo,
Que mi sombra deje de rasguñarme
y quiera bailar conmigo
y si alguien algún día
decide amarme,  
me abrace
tal cual estoy.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Animal


El olor de la tierra húmeda alivia las mandíbulas apretadas,
las ciudades nos convencen que la supervivencia está en
                                                          soportar o morir
Apretamos los dientes,
en vez de mostrarlos.
Cerramos la glotis en vez de abrirla
y gritar.
Gritar.
Si,
con la cara bien roja,
llena de venas hinchadas
y los ojos feroces para ahuyentar al perpetrador .
Soportar es quedarse inmóvil
la quietud
es muerte
¿Hasta dónde puede resistir un cuerpo?
Por eso la tierra húmeda alivia,
por que recuerda.
sostiene
susurra
y abre los ojos del reptil agazapado en el cuenco del cráneo
Defenderse,
proteger la cría,
sacar las uñas,
darle batalla a la muerte
¿hasta donde puede un cuerpo tolerar su propia crispación?
Respirar,
ablandarse
las flores de los jazmines entre los basurales de mi barrio
quiebran el horror con dulzura,
nacen en las veredas de les pobres
para recordarnos que lo bello,
también nos pertenece
los jazmines cuando florecen traen siempre el abrazo de mi madre:
ese país en el que todo está bien
y no existe la indiferencia.
¿Hasta dónde puede resistir una psiquis hambrienta?
el alimento que trae la fuerza,
no es sólo la comida.
En esta latitud de trigo,
amasamos pan que no nos pertenece,
les vecines
lo ven pasar frente sus narices,
"nieguen sus tripas" -es la orden
¿en serio?
¿no es un acto de rebeldía?
tomar ese pan tibio,
sabroso,
hecho con nuestro esfuerzo
y saciarnos.
Es un acto de rebeldía
bailar,
hacer un asado con los últimos pesos del mes
e invitar a les amigues.
Es un acto de rebeldía tomarse un vino,
mirarnos a los ojos,
rozarnos,
gustarnos,
Abrir las bocas,
las manos,
las piernas,
los corazones.
Sacar la lengua,
lamernos,
saborear pieles
y calmar juntes las hambres.
¿Hasta dónde
puede
resistir un cuerpo?
Lo salvaje nos salva.
Locura es sentir vergüenza,
negar lo necesario,
mentirnos a nosotres mismes
y dañar.
¿Cuanto frío puede soportar un corazón?

sábado, 15 de septiembre de 2018

Sueños Diurnos






 Sueño con colibríes.
Abandonan sus vuelos solitarios,
y llegan en bandadas.
Estamos amaneciendo
abrazados
sobre la selva.
No puedo verte
pero sé que sos vos
porque reconozco las heridas,
el calor de hogar en ese espacio entre tu cuerpo y el mío.
Vuelvo a cerrar los ojos,
sonríe la piel,
donde quiera que estés,

nos hemos perdonado.

lunes, 30 de julio de 2018

No queda otra


Lo supe entonces,
lo sé ahora;
sentada en este vagón.
El incendio alrededor del camino, augura cambios
las chíspas de la velocidad, peligro
la tensión del cuerpo, mi sangre en estampida,
el amor.
Otra vez el amor y la telenovela de las 9. 
Voy.
Con destino incierto, 
a cumplir mi destino.
Ese que construimos tiempo atrás
cuando podrían haber servido los oráculos,
las advertencias,
los consejos.
"no hagas esto"- "hacé aquello"- me dicen ahora
y yo sonrío porque sé que ya no puedo bajarme de este tren.
Aunque se estrelle
y se haga trizas mi corazón.
No puedo.
Pero como quien no quiere la cosa,
voy guardando soles de invierno en mis bolsillos,
para entibiarme las heridas 
cuando llegue la hora.


jueves, 19 de julio de 2018

TEMBLAR



Amanece el movimiento,
llega el fuego, 
la claridad, 
el calor 
el hacer. 
La gente hace,
se hace,
se sostiene

...yo tiemblo.
Tiemblo en mi profundidad abismada,
en la rigidez del cuerpo,
en el aguacero de mis pupilas.
No soy de acá.
Ahora lo sé
pero en la medida de mis posibilidades,
elijo,
por eso tiemblo.


Tiemblo
y me aferro a la esperanza de que después de este momento en el que las plantas de mi jardín
amanecen mutiladas
hay otra cosa.
Tiemblo en silencio
y acepto:
amar no nos hace importantes para las personas que amamos,
el esfuerzo no siempre tiene recompensas,
el corazón también se equivoca,
y aunque no podamos verlo ahora,
estamos yendo hacia algún lugar,
arrojados al devenir
no hay protección ni adelanto.
Tiemblo porque ahora sé que el Deseo
se ha convertido en mi victimario
y entonces,
sólo queda este gesto ínfimo de resistencia:
temblar de amor,
de horror,
de impotencia,
de tanto hacer fuerza para detener el movimiento insalubre y cotidiano.
Temblar
- finalmente-
como un pétalo conmovido por el viento,
por su propia fragilidad,
por su propia belleza.

domingo, 29 de abril de 2018

De cansancios y placeres



Ya no pido nada,
Agotado el corazón de mendigar ante tus murallas
aprendió de las virtudes de la piedra:
ahora también sé esperar
 y el remedio llega,
como la lluvia que cae en la selva después de un día de calor,
como esta presencia que me regala la luna,
alivio y misterio,
el deseo que aprendo a tejer a mi alrededor con hilos invisibles y tibios,  
el goce de un instante,
estar presente
cruzar miradas,
sonreír levemente
rozarse
saber que sucederemos.



El placer es deforme,
un monstruo insaciable si está bien alimentado.
Los contornos se desvanecen en el torrente,
somos este jadeo,
la precariedad de tiempo y espacio,
la decisión de coincidir
Sosteneme con firmeza
y no sueltes la ternura que vamos a morir un poco en este abrazo.
te prometo que me quedo hasta que vuelvas a respirar
y puedas
abrirme la puerta.

viernes, 29 de diciembre de 2017


SUDAMERICA-Retratos Literarios

YURILAMAS I

Entre las nubes se despierta Yurilamas. Parece que flotaran, hombres y mujeres camino a sus chacras, a pesar de llevar entre 40 y 80 quilos en su espalda. Van los chanchos y las gallinas que casi ni se ven de tan esponjoso que está el suelo. Ni bien despunta el sol todo se enciende entre el suelo blanquecino. Humean las candelas encima de los techos. Se calienta el desayuno…ya los niños a la escuela, los hombres a sus tareas y las mujeres, las mujeres por detrás de todo el mundo….

II.

Todos conviven en Yurilamas, los pollos picotean la comida de los gatos, los chanchos se mueven por el vecindario presentando a sus crías para ver si consiguen algo más rico que comer. Los burros, comparten la hierba con las vacas y los perros dormitan en la sombra -amanecidos después de una larga noche de luna llena- y les perdonan, una vez más, la vida a las cabras que se van felices rumbo al río con los niños.  Todos conviven en Yurilamas, siempre hay arroz, yuca, plátano y alguna carne de monte para compartir, no importa la hora, ni la casa, quien llega y necesita, tiene. Nadie se fija cuánto dá porque siempre recibe. No hay lujos en Yurilamas, pero hay abundancia de selva.

QUITO:

Amarilla se pone la Diez de Agosto cuando cae el sol y ya el día de visitas ha concluido. El frío comienza a volverse punzante, como la soledad que siente Ella, al despedirse de Él en el Hotel Carrión. Un hotel para deportados con régimen carcelario. Martes, Jueves y Domingo, una hora a la mañana, una hora a la tarde. Ese es el tiempo que tienen para besarse, hablar, abrazarse, hablar y mimarse para levantar los ánimos. En la fila de las visitas comparte con otras mujeres: ecuatorianas, argentinas, colombianas, cubanas, no importa de dónde vengan, todas son iguales en su gesto de amor hecho alimento, ropa limpia, cartas. Se deja requisar y la contradicción entre la sorpresa y la bronca le hace respirar hondo y dejarse tocar por las manos de un Estado que no sabe de libertad y menos de amor. Ahora baja la Diez de Agosto, aretero en mano, pinza y alambre para “manguear” en la mochila, y toda su pasión apretadita en la garganta. No entiende bien por qué, pero llora un largo rato en el parque “El ejido”. No va a trabajar hoy, el corazón está muy cansado. Mejor se va a lo de Sofi, una quiteña que le abrió las puertas de su casa “hasta que se resuelva todo”. Red. Sostén que tejemos en simetría. Nunca estamos solas.


LA PAZ:

“Frío es…” Muy. Demasiado frío. Es de noche y casi no hay nadie en una de las capitales más altas del mundo. Ellos comen las sobras de los restoranes, huelen pegamento, juegan torpe, se golpean y les sangra la nariz, pero no se sacan el pasamontañas. Ni el frío, ni el hambre, la droga o la sangre hacen que pierdan la “dignidad”…el pasamontañas los protege de la vergüenza de ser un lustrabotas. Juegan a ser uno más, a ser cualquiera, a ser nadie y todos. Son muchos en la ciudad y trabajan bastante, pero nunca verás sus rostros. “No los mires” –me recomiendan al verme pasmada ante la rudeza con la que se están golpeando entre sí y se ríen a carcajadas. “Mejor, no los mires”.

CALI:

Cada plaza baila porque muchos cuerpos se congregan para bailar. Muchas las plazas, muchos los sitios, danza Sudamérica:  Un bailadero, ciudad candente, arepas, tintico y sirope surcan las palabras y te endulzan las caderas para siempre.

II.


Como en todas las ciudades. La pobreza en los márgenes, lo más lejitos posible. El mismo olor, los mismos paisajes. Solo que cuando suena la música, algo diferente sucede. Niños, niñas y jóvenes se menean. Danzan. Toman su cuerpo para sí, lo mueven como quieren, hacia dónde quieren, se gozan, se vuelven poderosos. En ese instante no se avergüenzan de su piel, ni de todo lo que no tienen. En ese instante te miran de igual a igual, con el cuerpo dispuesto, desafiante, atento y entonces sabemos, que este mundo aún tiene chances de salvarse a sí mismo.